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El cambio climático podría transformar València en un destino de veranos interminables para finales de siglo, revela un estudio.

El cambio climático podría transformar València en un destino de veranos interminables para finales de siglo, revela un estudio.

VALÈNCIA, 15 de noviembre.

Las extremas oleadas de calor han dejado de ser un hecho aislado y se asientan como una constante en el clima mediterráneo. València, en particular, se enfrenta a la posibilidad de experimentar veranos casi ininterrumpidos hacia finales de este siglo, todo como resultado de las innegables repercusiones del cambio climático.

Esta alarmante previsión emana de un estudio elaborado por un grupo del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA) y el Departamento de Urbanismo de la Universitat Politècnica de València (UPV), que se adentra en la evolución histórica y proyecta el futuro de estos fenómenos en la ciudad desde 1979 hasta 2100.

De acuerdo con los hallazgos de esta investigación, que ha sido difundida en la revista 'Urban Climate', la frecuencia de las olas de calor ha ido en aumento durante las últimas décadas, registrando la aparición de dos nuevos episodios cada diez años desde 1979. A la par, la duración promedio de estos fenómenos ha escalado de menos de diez a casi 25 días. Sin embargo, lo que se avecina es aún más preocupante: si las emisiones de gases de efecto invernadero no se frenan, València podría verse inmersa en una "temporada de calor" prácticamente permanente.

“Estamos observando un alargamiento de los veranos y una intensificación de los episodios de calor. A menos que se implementen medidas de mitigación efectivas y urgentes, la ciudad podría enfrentar períodos de hasta seis meses con riesgos térmicos elevados, alcanzando temperaturas superiores a los 50 ºC”, destaca Ana Fernández-Garza, investigadora del IIAMA y autora principal del estudio.

El equipo investigador ha incluido una novedosa variable en su análisis: el índice de calor, que combina temperatura y humedad para evaluar el impacto real del calor en la salud humana. Los resultados sugieren que un incremento en la humedad relativa intensificará el estrés térmico y aumentará la posibilidad de golpes de calor, afectando principalmente a grupos vulnerables como los ancianos y los niños.

Los escenarios de proyección de este estudio contemplan diferentes niveles de emisiones. En el escenario más alentador, que supondría una reducción considerable de gases de efecto invernadero, el promedio anual de olas de calor se duplicaría en València, alcanzando temperaturas que superarían los 40 ºC y con una duración media de 15 días por cada episodio.

El escenario intermedio, que considera políticas de mitigación moderadas, proyecta que la ciudad experimentaría entre 6 y 8 olas de calor cada verano, algunas de las cuales podrían extenderse por más de 30 días, junto con un aumento del índice de calor que podría llegar a los 45 ºC.

Por último, el escenario más desalentador, en el que no se implementan cambios significativos en las emisiones, anticipa una temporada de calor que abarcaría desde abril hasta noviembre, con temperaturas que podrían sentir como superiores a los 50 ºC y olas de calor que se extenderían casi durante todo el año.

“El incremento y la intensidad de las olas de calor son una constante en evolución. Si no se reaccionar adecuadamente, podríamos situarnos en una realidad donde el verano nunca cesa, viviendo hasta 300 días anuales de calor extremo en contextos de altas emisiones”, advierte Eric Gielen, investigador del departamento de Urbanismo de la UPV.

El equipo de investigadores, que incluye a Ana Fernández-Garza, Eric Gielen, Manuel Pulido-Velázquez, Dariana Ávila-Velásquez, Adrià Rubio-Martín y Héctor Macián-Sorribes, se encuentra en un proceso de revisión exhaustiva de las tácticas urbanas y de salud pública necesarias para afrontar esta crisis.

Entre las estrategias de adaptación sugeridas, se aboga por aumentar la vegetación y las áreas verdes, fomentar el uso de techados fríos y materiales reflectantes, establecer refugios climáticos y sistemas de alerta temprana, así como diseñar políticas urbanas que prioricen la salud y la justicia climática.

“El cambio climático no es un futuro incierto, es una realidad que ya impacta nuestras ciudades. València, al igual que otras ciudades del Mediterráneo, debe prepararse para convivir con el calor extremo de manera segura y resiliente”, concluye Eric Gielen.

Este estudio es parte del proyecto europeo The HUT (Human-Tech Nexus - Building a Safe Haven to Cope with Climate Extremes), financiado a través del programa Horizon Europe.