VALÈNCIA, 11 de diciembre. En un giro inesperado de los acontecimientos relacionados con la gestión de la reciente dana en la provincia de Valencia, se ha revelado una serie de comunicaciones entre José Manuel Cuenca, exjefe de gabinete del expresidente de la Generalitat Carlos Mazón, y Pilar Montes, exdirectora general de su gabinete. Estos mensajes, enviados la noche del evento climático, ofrecen un vistazo a la gravedad de la situación y la percepción de control que se intentaba mantener.
Los mensajes fueron entregados a la jueza de Catarroja, quien está a cargo de investigar la respuesta del gobierno ante la tormenta que dejó a 230 personas fallecidas en la región. A través de ellos, Cuenca le informó a Montes sobre su estancamiento en Carlet, asegurándole: "Sigo parado en el mismo sitio. Pero estoy bien. Tranquila. Descansa. De verdad." Aunque su mensaje transmitía calma, la situación a su alrededor era compleja y caótica.
En una declaración anterior a la jueza, Cuenca relató que durante la tarde del día de la riada había alertado a Mazón sobre el deterioro de la situación en Utiel, donde se reportaban problemas graves. A pesar de su intento por comunicar lo que estaba ocurriendo, no pudo presentar evidencia de sus mensajes ya que, según indicó, había cambiado de teléfono recientemente y perdió las copias de seguridad.
La cronología de los mensajes refleja la incertidumbre y el intento de mantener la normalidad en medio de la crisis. A las 20:02, Cuenca se encontraba "tirado" en la carretera y conversaba sobre la necesidad de cancelar su agenda oficial. Montes, preocupada, buscaba certidumbre respecto a las cancelaciones que debían hacerse ante la inminente crisis.
A medida que avanzaba la noche, las comunicaciones revelaron la angustia de Montes ante la falta de información precisa. Cuenca, en un intento de aliviar sus preocupaciones, sostenía que todo estaba "controlado", a pesar de que la situación real era mucho más complicada. Estos intercambios fueron parte de una serie de mensajes en la que ambos intentaban coordinar acciones y decisiones en un contexto de creciente descontrol.
También se ha hecho pública la interacción de Montes con Mazón durante esa jornada crítica. En un momento, ella le transmitió información sobre una firma urgente que debía realizarse y le facilitó detalles logísticos, aunque la tensión del momento parecía ocupar un lugar central en sus diálogos.
La situación se tornó más grave cuando se reveló que Montes había recibido informes sobre decesos en Utiel, alertándole de la necesidad de actuar de manera inmediata. Sin embargo, Cuenca omitió mencionar esta información vital en su declaración inicial, lo que ha suscitado dudas sobre su manejo de la crisis.
A medida que la investigación avanza, está claro que Cuenca se verá obligado a proporcionar más detalles en su próxima declaración. La presión aumenta al descubrir que hubo comunicaciones que indicaban la gravedad de la situación, incluyendo un posible confinamiento de la población. En medio de esto, Cuenca se mostró reticente a implementar medidas drásticas, lo que abre una serie de interrogantes sobre la responsabilidad en la gestión de emergencias en la comunidad.
Las revelaciones sobre los mensajes de WhatsApp complican aún más la imagen del gobierno ante la ciudadanía y plantean serias dudas acerca de la preparación y respuesta ante desastres naturales. Mantendremos un seguimiento cercano a esta historia en desarrollo, que refleja no solo el caos de una situación desesperada, sino también la fragilidad de la comunicación y la coordinación en la gestión pública ante emergencias.
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