El transporte público de València se hunde: cae un 4% en uso y menos autobuses en marcha
¿Te imaginas que en solo unos meses, menos gente use el autobús y la flota disminuya? Eso ya está pasando en València.
La EMT, que antes era un referente en movilidad, sufre una bajada en viajeros y en autobuses en circulación. En un año, ha perdido casi 7 autobuses y cada vez hay menos personas confiando en el transporte público. La causa: frecuencias más largas, menos confianza y una política que favorece el coche.
Para los ciudadanos, esto significa más atascos, menos opciones para moverse y un transporte que, en lugar de mejorar, se deteriora. La gente empieza a desconfiar y opta por el coche, lo que genera más tráfico y más problemas en las calles.
¿Qué puede pasar ahora? Si esta tendencia continúa, el transporte público en València podría seguir perdiendo usuarios y calidad. Los afectados deberían exigir mejoras reales, mayor inversión y una gestión que priorice a los ciudadanos y no los intereses del coche.
Al final, si no se actúa, la ciudad podría quedar atrapada en un círculo vicioso de menos movilidad y más contaminación. La solución está en escuchar a la gente, invertir en el transporte y devolver la confianza a los usuarios.