La reciente instalación de una modestísima placa en un edificio de la calle Quijote, en el barrio de Tetuán de Madrid, marca el homenaje a María Moliner, una de las intelectuales más relevantes de la cultura española del siglo XX. Esta placa recuerda que allí residió la autora del renombrado 'Diccionario de uso del español' durante casi un cuarto de siglo.
El filólogo Andrés Neuman, conocido por su obra 'Hasta que empieza a brillar', expresó en una entrevista con Europa Press que la celebración de Moliner trasciende el reconocimiento de su famoso diccionario. "Ella no solo creó una obra inolvidable, sino que revolucionó la manera en que España se relaciona con la lectura, la educación y el lenguaje", subrayó Neuman.
María Moliner, nacida en 1900 en el pequeño pueblo aragonés de Paniza, llevó una vida en movimiento, residiendo en varias ciudades como Madrid, Zaragoza y Valencia. Este itinerario, marcado por diversos desafíos económicos y la ausencia de su padre, la condujo a desarrollar una visión amplia y diversa de la lengua española.
“Ese trayecto vital le permitió construir un diccionario con una cercanía al habla cotidiana, lo que lo hizo resonar en América Latina como una referencia esencial”, detalló Neuman, quien destaca la acogida de la obra de Moliner al otro lado del océano.
A pesar de que la placa conmemora el sitio donde se gestaron sus 80.000 definiciones —muchas más que las del diccionario de la Academia—, Neuman insiste en que la contribución de Moliner abarca mucho más que su obra lexicográfica, siendo clave también en la alfabetización y en la promoción cultural.
Antes de dedicarse a su monumental diccionario, Moliner forjó una carrera extraordinaria como bibliotecaria, un camino inusual para una mujer de su época. Tras superar unas oposiciones en los años veinte, trabajó en diversas bibliotecas y archivos, destacando por su compromiso con la educación y la divulgación cultural en un contexto de marcada desigualdad de género.
Neuman señala que “fue una de las grandes bibliotecarias del siglo XX en España”, y que fundó más de un centenar de bibliotecas rurales, muchas de las cuales representaron las primeras de sus localidades. Además, jugó un papel crucial en un plan nacional que buscaba unificar la red bibliotecaria, luchando por la alfabetización en una España que enfrentaba notables carencias en este ámbito.
El autor también enfatiza que establecer una biblioteca es un gran logro, pero hacerlo en más de cien comunidades resulta un desafío aún mayor, especialmente en un momento de crisis social y transformación nacional.
Conocedora de que la cultura debía ser accesible en cada rincón del país, Moliner dejó un impacto profundamente positivo en la vida diaria de muchos españoles. Su visionario 'Plan Moliner' fue interrumpido con el fin de la Guerra Civil y la caída de la Segunda República, pero su legado sentó las bases para la política bibliotecaria que se adoptaría años más tarde, en tiempos de democracia.
Su influencia se puede rastrear en el 'Manual de instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas' (1937), un texto que sirvió de guía para aquellos que no contaban con formación formal en biblioteconomía, donde Moliner plasmó su conocimiento sobre la organización de espacios y la selección de materiales resistentes a prematureo desgaste.
“Moliner prestaba atención a cada detalle, desde el mobiliario hasta la atmósfera del lugar, cuidando no solo el ámbito semántico, sino también lo material y lo afectivo”, menciona Neuman al redefinir el papel de la autora en la importancia de los espacios culturales.
Considerado un hito en la lexicografía, el 'Diccionario de uso del español' es la culminación de 16 años de labor ardua. Neuman admira esta obra destacando que va más allá de ser un simple diccionario; es un artefacto literario con enfoques revolucionarios en sus contenidos y métodos de presentación.
A diferencia de sus homólogos académicos, Moliner no solo definió palabras; ella incorporó ejemplos de uso cotidiano, matices y su propia experiencia de vida. “Es un texto literario en muchos aspectos”, sostiene Neuman, quien resalta inclusiones críticas que desafiaban el canon lingüístico establecido.
Su trabajo lo llevó a cabo en el comedor de su hogar, un espacio que transformó en un taller intelectual. "Aunque se ha dicho que trabajaba en la cocina, en realidad lo hacía en su salón, donde cada mañana despejaba la mesa para dar paso a las palabras”, aclara Neuman, señalando cómo su labor redefinió la noción de trabajo creativo en el hogar.
La interacción entre su vida familiar y su labor intelectual simboliza la esencia de Moliner: una mujer que se dedicaba al hogar y a la familia, pero que también era una incansable trabajadora transformadora del espacio doméstico en un centro de creación cultural.
A pesar de las barreras que enfrentó, incluida su exclusión de la Real Academia Española, Neuman sostiene que la historia de Moliner no debe ser eclipsada por este episodio. “Factores de género, clase y política influyeron en su marginación. Aunque fue la primera mujer nominada, su exclusión fue injusta y motivada por prejuicios”, analiza Neuman.
En su lucha, Moliner abrió caminos para futuras voces femeninas en el ámbito literario, siendo su figura un símbolo de resistencia y talento que perdura hasta nuestros días. Neuman concluye enfatizando que, aunque su vida transcurriera en un contexto adverso, su legado continúa iluminando el camino para numerosos hablantes y amantes del lenguaje. “Fue una heroína de la cultura cotidiana, cuya influencia nunca se extinguirá”, afirma Neuman, reafirmando la relevancia de su vida y obra en la historia literaria.
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