Polo (CHJ) aclara que sugirió en el Cecopi emitir una alerta a la ciudadanía y nunca afirmó que Forata enfrentaría un "colapso".
VALÈNCIA, 19 de septiembre. En un giro inesperado de los acontecimientos relacionados con la gestión de la trágica inundación que dejó 229 fallecidos, el presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), Miguel Polo, ha hecho revelaciones cruciales. En su declaración ante la jueza que investiga las acciones de prevención durante el Cecopi del 29 de octubre, Polo insistió en que su intención era alertar a la población en medio de la crisis.
Durante su comparecencia como testigo, Polo expuso que recibió una convocatoria por correo electrónico para el Cecopi a las 16:23 horas, con inicio programado para las 17:00, ya sea de forma presencial como telemática. Aseguró que, en el transcurso de la reunión, se abordaron las crecientes inundaciones de Utiel, pero él redirigió la conversación hacia la problemática de la presa de Forata, donde se suscitó una discusión sobre la necesidad de declarar un escenario de emergencia debido a los caudales presentes.
Polo relató cómo la situación se tornó tensa durante el Cecopi. A pesar de la preocupación palpable por la presa, la consellera de Interior, Salomé Pradas, se mostró reticente al abordar la evacuación. En su posición, Polo pidió directamente que se enviase un mensaje claro a la ciudadanía sobre la situación de emergencia.
El testigo destacó la confusión en el Cecopi, donde varios miembros del equipo de Emergencias no parecían tener claridad sobre la gravedad de la situación. Algunos consideraron que no era necesario declarar la emergencia, lo que generó incredulidad en Polo y su equipo, que veían la falta de decisiones como una barrera ante un problema inminente.
En un momento determinado, el jefe de explotación aportó datos concretos que indicaban un aumento crítico en los niveles de agua. Fue entonces cuando Polo reiteró su solicitud de alertar a la población para que se resguardaran en pisos superiores. Sin embargo, a pesar de estas peticiones, el mensaje de alerta no se envió de inmediato y la desconexión del Cecopi a las 18:00 horas complicó aún más la situación.
Polo se mostró particularmente preocupado por la tensión que sentían los operativos en la presa, quienes arriesgaban su integridad física por la falta de comunicación eficaz. A pesar de que mantenían contacto constante con el personal en el lugar, la presión para tomar decisiones rápidas y adecuadas era evidente.
En su relato, mencionó que en un intento por mantener la organización, varios alcaldes se comunicaron con él en busca de información respecto a la situación, ya que contaba con un acceso privilegiado a las alertas que estaban diseñadas para emergencias. Con ese conocimiento, Polo pensaba que se estaba transmitiendo la información necesaria a todos los municipios afectados.
Al caer la tarde, alrededor de las 18:45, se recibió un informe sobre el caudal del Poyo, lo que evidenció que la situación era crítica. Sin embargo, al reconectar con el Cecopi, Polo descubrió que, alarmantemente, el mensaje de alerta aún no había sido enviado, lo que provocó una reacción visceral en el equipo presente.
A pesar de que se planteó una lectura del mensaje de alerta por parte de la consellera, las dudas persistieron. Polo se mostró insatisfecho con el contenido del mensaje y reiteró la urgencia de comunicar la situación, aunque también mantuvo la cautela de que se transmitieran dos tipos de mensajes para abordar la emergencia de diferentes maneras.
En este contexto de creciente ansiedad y falta de acciones concretas, Polo recibió una llamada del secretario de Estado de Medio Ambiente, en la que le informó sobre su frustración por la parálisis decisional durante una reunión tan crítica. La incertidumbre reinaba, mientras la situación seguía desarrollándose de manera descontrolada, reflejando la intensificación de la crisis y la necesidad urgente de una gestión más efectiva.
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