VALÈNCIA, 27 de octubre.
“Cuando empieza a tronar, me pongo muy nervioso y no puedo dormir”, cuenta un niño de 9 años de Paiporta, una de las localidades que más sufrió las consecuencias de la dana que arrasó la Comunitat Valenciana el año pasado.
Su relato se encuentra en el informe titulado 'Con el barro en la mochila', creado por Save the Children en colaboración con la Universitat de València, que tiene como objetivo comprender el impacto de las inundaciones en la niñez. Esta catástrofe provocó la muerte de 229 personas, incluidos 9 menores, y afectó a unos 200.000 niños, dejando 16.000 hogares severamente dañados.
El estudio recoge las voces de más de 2.300 familias impactadas por la tormenta y de profesionales de diversas áreas, como servicios sociales, educación y ONGs. Los resultados revelan que aproximadamente 24% de los niños valencianos que sufrieron el desastre todavía tienen dificultades para dormir, y más del 30% confiesa tener miedo a la lluvia y a los truenos.
Mari Carmen, madre de una niña afectada, señala que el desastre cambiaron “sus vidas completamente”, y comparte que su hija aún enfrenta el trauma: “Cuando hay lluvia, se niega a ir a sus clases de inglés porque siente miedo. Muchos niños reviven esas experiencias y preguntan si volverá a suceder”. Al hablar con otras madres, todas coinciden en que sus hijos evitan las actividades extracurriculares cuando llueve. “Me niego a vivir con miedo, porque de lo contrario, no se vive”, afirma con determinación.
El informe 'Con el barro en la mochila' también señala cambios notorios en el comportamiento de los menores: cada vez más ansiedad, estrés persistente y una dependencia creciente de las pantallas como forma de escapar. Los adolescentes, en particular, reportan dificultades para concentrarse (12,4%), pasan más tiempo en dispositivos electrónicos (11,0%) y optan por el aislamiento social (7,0%).
Desde Save the Children, se hace un llamado sobre la insuficiencia del apoyo social y emocional brindado a los menores, enfatizando que se ha confiado demasiado en su capacidad de resiliencia. Actualmente, el 45,7% de las familias señala que su mayor preocupación es el estado emocional de sus hijos e hijas.
Más de la mitad de los hogares (52,4%) reconoce que sus niños han atravesado un retraso en su aprendizaje. “Es crucial que las escuelas se reabran rápidamente tras cualquier emergencia, ya que el entorno educativo contribuye a restablecer un sentido de normalidad y esperanza para los más pequeños”, destaca Rodrigo Hernández, director de Save the Children en la región.
La escuela cumple un rol fundamental no solo en la educación, sino también en la provisión de servicios esenciales, como el comedor escolar, vital para muchas familias en situaciones precarias. En octubre de 2024, más de 18.000 niños en las comarcas afectadas dependían de becas de comedor. “Mantener estos servicios abiertos tras una emergencia es vital para garantizar una alimentación adecuada para quienes más lo necesitan”, añade Hernández.
La imposibilidad de asistir a clase ha tenido un efecto particularmente negativo en el bienestar emocional (71,6%) y social (33,3%) de los estudiantes. “Las secuelas psicológicas de una emergencia perduran. Hemos echado en falta que la administración crease más espacios seguros y de apoyo para reducir el impacto en la salud mental de estos niños”, enfatiza el director.
Los jóvenes de los municipios afectados han dejado de participar en actividades físicas (45,4%), al aire libre (28,0%), recreativas o culturales (25,0%) y extracurriculares (24,7%). “No entendemos por qué, incluso hoy, muchos de los espacios donde los jóvenes socializan siguen sin estar rehabilitados. Estos lugares son esenciales para su desarrollo”, lamenta Hernández.
Las recientes lluvias e inundaciones que ha traído la dana Alice han reavivado el temor del año pasado en la provincia. En junio, Save the Children advirtió que el 93% de los menores en la región enfrentará al menos un evento climático extremo cada año, colocando a la Comunitat Valenciana como la cuarta región más vulnerable de España.
Las familias en situación de pobreza son las más susceptibles a las repercusiones del cambio climático, ya que suelen habitar áreas más afectadas por fenómenos extremos y cuentan con menos recursos para adaptarse. “Las familias de menos recursos han sufrido pérdidas significativas en cuanto a su vivienda y empleo, lo que ha llevado a una disminución en su capacidad económica y a retos mayores en la conciliación laboral, especialmente en progenitoras solas”, subraya Hernández.
El informe revela que casi el 15% de las familias encuestadas perdió su hogar, y una de cada cuatro considera que su vivienda es ahora más insegura para los menores que antes de la dana. Además, el 80,3% de las familias en los municipios más afectados viven en edificios que aún requieren reparaciones o en hogares gravemente dañados, obligadas a permanecer en condiciones precarias.
Un año después, la reconstrucción del territorio se centra fundamentalmente en las infraestructuras y la reactivación económica. Save the Children advierte sobre la importancia de no descuidar a la infancia, quien debe ser prioritaria en este proceso.
La organización recalca que, para mantener a la niñez en el centro de esta reconstrucción, es esencial que se les incluya en la toma de decisiones. “Es imprescindible reforzar la respuesta en áreas como educación, salud mental y apoyo a familias en riesgo, incorporando enfoques preventivos y situando a los niños y niñas en el centro de las decisiones para garantizar sus derechos y fortalecer su capacidad de resiliencia ante futuras emergencias”, concluye Rodrigo Hernández.
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