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València enfrenta una crisis de vivienda por la falta de medidas adecuadas, según la Cátedra de Vivienda de la UPV.

València enfrenta una crisis de vivienda por la falta de medidas adecuadas, según la Cátedra de Vivienda de la UPV.

VALÈNCIA, 8 de enero.

Un reciente análisis de la Cátedra Observatorio de la Vivienda de la Universitat Politècnica de València ha puesto de manifiesto que la ciudad se enfrenta a una grave crisis habitacional que ya puede considerarse estructural. Este informe, correspondiente al último trimestre de 2025, revela la profundidad de la problemática, indicando que no es el resultado de una crisis repentina, sino de más de una década de decisiones erróneas y falta de acción efectiva.

Según el comunicado emitido por la UPV, esta situación refleja un cambio preocupante en la política habitacional, donde se ha priorizado un discurso político desconectado de la realidad sobre un análisis técnico riguroso. "Hemos llegado a un punto de no retorno", advierte el director de la Cátedra, Fernando Cos-Gayón López. "Cuando una ciudad ya no puede albergar a sus habitantes, el problema trasciende la economía y se convierte en una cuestión social fundamental".

Desde 2016, los datos han mostrado un claro aumento en los precios de la vivienda, con el costo medio de la vivienda nueva en más de 4.000 euros por metro cuadrado, mientras que la oferta se ha visto drásticamente mermada, dejando solo 137 unidades disponibles en toda València. Esto no se considera una sorpresa, sino una consecuencia directa de una falta de respuesta a un diagnóstico ampliamente conocido, según Cos-Gayón.

La Cátedra pone énfasis en el daño causado por un marco político que ha favorecido narrativas optimistas sin fundamento, en lugar de implementar políticas efectivas. “Las palabras tranquilizadoras han creado una falsa impresión de progreso, pero no se ha logrado la construcción real de viviendas”, alerta el director del Observatorio. “Lo más peligroso es que estas narrativas han llevado a políticas que han empeorado la situación que afirmaban resolver”.

El tema del alquiler ilustra a la perfección esta crisis. La falta de protección adecuada para los propietarios ha llevado a una notable disminución de viviendas en el mercado de alquiler, lo que ha resultado en un aumento de los precios y una creciente exclusión de los hogares más vulnerables. “Legislar desde la perspectiva del temor no protege al inquilino; lo que hace es expulsarlo del mercado”, subraya Cos-Gayón.

La Cátedra concluye que el mercado de alquiler en València se ha convertido en un espacio “residual y frágil”, no por una alta demanda, sino debido a una “destrucción deliberada” de la oferta. “El fracaso en el sector del alquiler no es una mera casualidad, sino una consecuencia directa de políticas que han confundido la buena intención con la efectividad real”, recalca el director.

Esta emergencia habitacional no solo afecta a sectores tradicionalmente vulnerables; ahora es una crisis intergeneracional que está expulsando a jóvenes y familias de clase media de la ciudad. Con cada año que pasa sin acciones contundentes, la solución se vuelve más cara y compleja.

La situación se agrava aún más por un crecimiento poblacional acelerado que no ha sido acompañado de políticas de vivienda adecuadas. No es solo un debate ideológico, sino una cuestión estructural: cuando la población crece y la construcción de viviendas no se acelera, la carga siempre recae sobre los grupos más desfavorecidos.

Sin embargo, parece que hay un rayo de esperanza en el horizonte, según la Cátedra. Se refieren al Plan VIVE como una posible solución, pero advierten que la materialización de estas nuevas viviendas de protección pública, fruto de una colaboración entre el sector público y privado, no se verá antes de dos años. “Aunque el Plan VIVE es necesario y apunta en la dirección correcta, no puede usarse como un argumento para desestimar la emergencia actual”, declara Cos-Gayón.

Para afrontar esta crisis, es fundamental dejar de lado las narrativas vacías y volver a la evidencia. Es urgente movilizar terrenos, generar vivienda asequible de manera sostenida, proteger a los propietarios para reactivar la oferta de alquiler, y revisar la fiscalidad que actualmente representa un 31% del precio final de la vivienda. “Todo lo que no vaya en esta línea es solo distracción. Necesitamos un pacto de Estado sobre el acceso a la vivienda”, concluye Cos-Gayón.

La clave para superar esta crisis no se encuentra en la suerte, sino en la voluntad de cambiar un enfoque que ha confundido la política de vivienda con estrategias comunicativas, asegura el director, reafirmando la urgencia de actuar basándose en los datos y la realidad del mercado.