Dos años de la dana: niños que lloran cada vez que suena una alerta en el móvil
233 muertos en la dana y niños de la zona cero que lloran al oír un ES-Alert. Así viven las familias el segundo aniversario de la tragedia.
Dos años después de la riada que dejó 233 muertos, hay niños de la zona cero que siguen gritando y llorando cada vez que suena un ES-Alert en el móvil de sus padres.
Es lo que cuenta Fran, bombero del Ayuntamiento de València y padre de dos niñas de 9 y 14 años. Esa noche del 29 de octubre de 2024 vieron desde el balcón el agua, los coches arrastrados y oyeron los gritos. Hoy, cualquier aviso les devuelve a ese momento.
No es un caso aislado. En el grupo de padres del AMPA hay niños con bajadas en los estudios, pesadillas y miedo al agua, y algunas familias han tenido que llevar a sus hijos a un psicólogo privado. Pagarlo no está al alcance de todos.
Save the Children recuerda que desde la dana la Comunitat Valenciana ha tenido diez avisos rojos por lluvias, decenas de naranjas y amarillos y unas treinta alertas ES-Alert. Para los niños, cada aviso mina la confianza en el futuro: ya no preguntan si volverá a pasar, sino cuándo.
Para las familias de Catarroja y otras localidades afectadas, esto significa vivir con la ansiedad a flor de piel en cada tormenta, y gestionar los cambios de centro, las clases suspendidas por lluvia y los barracones a diez centímetros del suelo que siguen usando los alumnos de los colegios Lluís Vives y Ausiàs March.
Los expertos piden planes de prevención con un lenguaje que los niños entiendan, salud mental cubierta por la sanidad pública, formación en emergencias desde la escuela y ayudas económicas que no se acaben con la primera crisis. Mientras tanto, la recomendación de la asociación de víctimas es hablar en casa con calma, explicar qué significa cada alerta y, sobre todo, no bajar a la calle cuando suene.
Lo que viene ahora depende de que las obras de alcantarillado y los colegios definitivos avancen a tiempo. Hasta entonces, las familias seguirán siendo quienes sostienen la tranquilidad de sus hijos.