La dana de 2024 aún dejaba rastro fecal en l'Albufera seis meses después
Seis meses después de la dana, l'Albufera aún mostraba contaminación fecal. Qué riesgos quedan para vecinos, huertas y salud.
Seis meses después de la dana del 29 de octubre de 2024, l'Albufera todavía mostraba señales de contaminación fecal. Así lo recoge un estudio del CSIC que ha seguido de cerca lo que dejaron las riadas en el agua y el barro de la zona.
Cuando las inundaciones arrasaron los municipios de la provincia, las depuradoras y las redes de alcantarillado fallaron. Miles de litros de aguas residuales sin tratar acabaron en los barrancos del Poyo y Picassent y, de ahí, en el Parque Natural de l'Albufera. Los análisis detectaron de inmediato más E. coli y virus intestinales, los que se excretan en las heces.
La buena noticia es que los niveles bajaron con el paso de las semanas. La mala es que la recuperación ha sido desigual. El agua superficial mejoró, pero los sedimentos guardan focos de contaminación que pueden volver a moverse con las próximas lluvias fuertes. Por eso los investigadores insisten en que mirar solo el agua no basta: el fondo del humedal funciona como una especie de almacén de porquería.
¿Y qué significa esto para la gente de a pie? Para quien vive cerca de la Albufera, pasea por sus caminos o come hortalizas de las huertas de la zona, la recomendación es seguir con cuidado la información de las autoridades sanitarias. Los estudios también apuntan a que el polvo de las calles tras la riada contenía microplásticos en cantidad, y que el barro seco acumulaba bacterias como Salmonella. Esto no supone un peligro extra en el día a día, pero sí pide lavarse bien las manos y limpiar con precaución.
Además, otro trabajo del CSIC, ya con datos de nacimientos, encuentra que las familias de los municipios más afectados vivieron un aumento del riesgo de parto prematuro: de uno de cada 18 nacimientos a uno de cada 10 en las localidades con daños más graves. Los autores apuntan al estrés, aunque reconocen que no lo han medido directamente.
Lo que viene ahora es vigilar. Los equipos científicos siguen monitorizando la Albufera, y los expertos piden mejorar las infraestructuras de saneamiento antes de que llegue la próxima tormenta. Para los afectados, lo más sensato es estar atentos a los avisos oficiales, pedir revisiones si notan algo raro en el agua de sus pozos o huertos y, sobre todo, no dar por cerrado un capítulo que, según la ciencia, todavía no ha terminado.