La Policía confirma que el móvil del sospechoso del asesinato del canónigo estaba en la escena del crimen durante el ataque.
VALÈNCIA, 27 de enero. En el marco del juicio por el asesinato del canónigo de la Catedral de València, la Policía Nacional ha revisado la actividad de los teléfonos móviles en relación al único acusado, Miguel. Según las evidencias que han presentado, el dispositivo de la víctima se encontraba en su propiedad durante el periodo estimado del crimen, acontecido entre las 22:00 horas del 21 de enero y las 2:00 horas del 22 de enero. Tanto el móvil de la víctima como el del acusado realizaron el mismo recorrido después de abandonar la vivienda.
Durante la segunda sesión del juicio que se lleva a cabo en la Audiencia de Valencia, el inspector de Homicidios y el responsable del análisis de los móviles expusieron estos detalles. La Fiscalía ha solicitado una condena de 28 años de prisión por asesinato, ya que considera que el acusado, en complicidad con una persona aún no identificada, perpetró el crimen. Por su parte, la defensa solo acepta el cargo de estafa relacionado con el uso ilícito de las tarjetas de crédito de la víctima, pidiendo un año de cárcel por esa razón.
Los agentes aclararon que no es posible determinar con exactitud la ubicación de los dos móviles en la misma antena debido a que pertenecen a diferentes compañías telefónicas. Sin embargo, se comunicó que el acusado llegó a València desde Torrent y accedió por la calle Avellanas, donde se localiza la vivienda de la víctima, cerca de una antena situada a tan solo 50 metros. "Por tanto, o estaba en el interior de la casa o en sus inmediaciones hasta las 23:30 horas", concluyó el experto.
A partir de esa hora, se observó "un patrón de repetición" en las señales de los móviles, con varios dispositivos ubicados en un radio de 200 metros alrededor de la casa del canónigo. A las 1:46 horas, se registró una señal fija en la calle Avellanas hasta las 3:25 horas, momento en el que ambos teléfonos empezaron a moverse por la zona.
En un análisis posterior, se detectó que a las 2:00 horas se envió un mensaje desde el móvil de la víctima solicitando asistencia para recuperar su contraseña de Cajamar. Posteriormente, se registraron hasta nueve intentos de llamadas para restablecer el PIN de sus tarjetas, algunos de los cuales fueron reproducidos en el juicio, mostrando la voz del acusado.
El abogado defensor cuestionó la falta de conexión del móvil del acusado hasta pasadas las 4:00 horas, a lo que el agente respondió que podría deberse a que el dispositivo no estaba en Avellanas, sino que simplemente no había señal. El recorrido se reanudó a las 3:43 horas, y sólo 20 minutos después, el teléfono fue ubicado en el Parterre, lo que concuerda con un desplazamiento a pie.
Las investigaciones también descartaron la posibilidad de que se le hubiera robado el móvil al acusado, ya que desde que dejó de funcionar en la noche del 23 al 24, no se volvió a tener señal en España, lo que señala que pudo deshacerse de él. Las cámaras de vigilancia de la zona no lograron captar ninguna imagen útil del imputado, ya que o no estaban operativas o la información había sido borrada.
El inspector jefe además reveló que se dirigieron a un domicilio en Nazaret que el acusado reconoció como residencia de un amigo colombiano llamado Manuel. Sin embargo, al visitar la propiedad, no encontraron a nadie en el lugar y los vecinos no conocían a la persona mencionada. "Es común que en estos casos el detenido invente amigos imaginarios para eludir responsabilidades", apuntó el inspector.
El acusado, al momento de su detención en un hostal, se mostró confuso y repetía "no lo entendéis". Primero alegó que había encontrado el móvil de la víctima en la calle, luego cambió su versión y dijo que había estado en el portal de Avellanas antes de entrar, en una narrativa que fue variando con el tiempo. A lo largo del proceso, no mencionó a Manuel hasta pasados seis meses, lo que suscitó dudas sobre la veracidad de sus afirmaciones.
Las pruebas en la vivienda del canónigo no revelaron ADN ni huellas del acusado, y el lugar se encontraba inusualmente limpio, lo que sugiere que alguien pudo haber intentado borrar evidencias. El cuerpo de Alfonso fue hallado en una posición que indicaba haber sido manipulado, con signos evidentes de asfixia y manchas de sangre que podrían corresponder a otras personas asociadas a la víctima.
En los registros no se encontraron las llaves de la casa y había una habitación que fue forzada por la policía, en la cual se hallaron un teléfono adicional de la víctima y varias tarjetas USB, cuyo acceso fue negado a pesar de su relevancia potencial en la investigación.
Uno de los jóvenes que había viajado desde Badajoz, con discapacidad intelectual del 43% y déficit de atención, describió como había conocido a Alfonso en la estación de autobuses y cómo fue invitado a su casa. Aunque llegó un viernes, aseguró que no ocurrió nada relevante hasta el sábado, cuando relató haber intervenido de manera inapropiada. Dijo que desconoce cómo llegó su sangre a las sábanas, sugiriendo que pudo haber tenido un accidente.
Finalmente, un asistente de la víctima corroboró que había otras personas en la casa del canónigo, pero no entraba en detalles sobre sus actividades. Recordó que el acusado había estado presente en un encuentro para discutir la salida de un chico que también pasaba tiempo en la casa, aunque no presenció la conversación.
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